Tour Laguna Cejar

Laguna Cejar en el Salar de Atacama

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Este tour, es una de las experiencias más singulares que puedes vivir en San Pedro de Atacama, tendrás la experiencia de entrar en un entorno natural donde el cuerpo reacciona de una forma poco habitual: flotas sin esfuerzo gracias a la alta concentración de sal del agua. En esta guía encontrarás información clara y práctica para entender cómo es la experiencia, por qué Laguna Cejar es tan visitada y qué la hace tan especial.

¿Qué es la Laguna Cejar y por qué es tan especial?

Laguna Cejar es una laguna salina ubicada en pleno Salar de Atacama, a pocos kilómetros de San Pedro, en un paisaje que parece de otro planeta. No es una laguna “de postal” solo por bonita, sino por lo que representa: agua en medio del desierto más árido del mundo, rodeada de costras blancas de sal, tonos ocres y volcanes que enmarcan el horizonte como si alguien los hubiese colocado a propósito para la foto. En días despejados, el contraste es tan fuerte que cuesta creer que sea real.

Lo especial de Cejar es que mezcla tres cosas que no suelen aparecer juntas: una experiencia física única (flotar), un escenario visual impactante y un entorno natural frágil que te hace sentir muy pequeño. Estás literalmente bañándote en un rincón del salar, con un agua cargada de minerales, mientras el desierto y las montañas te recuerdan que aquí todo es extremo. Además, el lugar forma parte de un ecosistema mayor, con salares, lagunas, vida microscópica y aves como el flamenco andino, el chileno y el james, que si cuentas con suerte te dejan admirar su majestuosidad. 

Otra razón por la que Cejar se siente distinta es el ambiente. Hay una quietud muy particular: el agua suele estar calma, el aire es seco, el silencio es profundo y la luz lo vuelve todo más nítido. Es un lugar que, incluso con más gente alrededor, conserva esa sensación de “espacio abierto” que muchos buscan cuando viajan al desierto.

¿Por qué se flota en la Laguna Cejar?

Lo de flotar en Laguna Cejar no es un mito ni una exageración asociada al turismo: ocurre de forma natural y tiene una explicación física clara. La laguna presenta una concentración de sal extremadamente alta, comparable a la del Mar Muerto, lo que incrementa de manera significativa la densidad del agua. Al ser más densa, el cuerpo humano desplaza mayor volumen con menos esfuerzo, provocando una flotación inmediata y muy estable.

En algunos sectores, la salinidad puede superar los 300 gramos de sal por litro, una cifra muy superior a la del agua de mar, que suele rondar los 35 g/L. Esta diferencia explica por qué no es necesario saber nadar ni realizar movimientos para mantenerse a flote. Incluso al intentar hundirse de forma intencional, el cuerpo vuelve rápidamente a la superficie, generando una sensación poco habitual para quienes lo experimentan por primera vez.

La flotación en Laguna Cejar no se percibe igual que en el mar. Aquí el cuerpo tiende a elevarse más, y cualquier movimiento brusco provoca salpicaduras de agua salada que pueden resultar incómodas para la piel o los ojos. Por esta razón, el baño se vive de manera pausada, con movimientos lentos y controlados. La experiencia invita a recostarse, mantener el equilibrio y dejar que el agua sostenga el cuerpo sin esfuerzo.

Caminar dentro de la laguna también se siente distinto. El agua ejerce una presión constante que empuja el cuerpo hacia arriba, alterando la sensación de peso y estabilidad. Este efecto, lejos de ser molesto, forma parte del atractivo de la experiencia y refuerza la percepción de estar en un entorno natural fuera de lo común.

Existe además un aspecto práctico que conviene considerar. La alta concentración de sal tiende a resecar la piel con rapidez, dejando una sensación tirante al salir del agua. Por este motivo, se recomienda evitar tocarse el rostro durante el baño, no zambullirse y enjuagarse adecuadamente después, cuando las condiciones del lugar lo permiten. Entrar con calma, mantener movimientos suaves y respetar estas indicaciones permite disfrutar plenamente de la flotación sin molestias.

La flotación en Laguna Cejar es, en esencia, una experiencia física poco frecuente: sencilla, distinta y fácil de recordar. No se trata solo de bañarse en una laguna salina, sino de experimentar de primera mano cómo las condiciones extremas del Salar transforman la relación del cuerpo con el agua.

El color turquesa de Cejar: cómo se forma

El turquesa de Laguna Cejar parece editado, como si alguien le hubiera subido la saturación a la realidad. Pero ese color “imposible” tiene explicación y nace de una combinación entre sales, minerales, pureza del aire y luz intensa.

Primero está la composición del agua. Las lagunas del salar contienen una mezcla de sales disueltas y minerales que cambian la manera en que la luz se absorbe y se refleja. No es el mismo tipo de agua que en una laguna de montaña o un río. Aquí el agua es más pesada, más mineral, y eso influye en el color final que percibimos.

Luego está la luz del desierto, aquí, el cielo suele estar limpio y la atmósfera es muy seca, con poca humedad y pocas partículas en suspensión. Eso significa que la luz del sol llega más directa y “dura”, con un nivel de nitidez que se nota en todo. Esa claridad hace que los tonos del agua resalten más, especialmente cuando el sol está alto o cuando el día está completamente despejado.

También influye el contraste del entorno. Alrededor de Cejar tienes blancos de sal, marrones y ocres del desierto, y a lo lejos, montañas y volcanes como Licancabur y Lascar. Ese marco hace que el turquesa se vea todavía más intenso, porque el ojo compara. Es como si el paisaje estuviera diseñado para que el color del agua destaque.

Y hay un detalle bonito: el turquesa no se ve igual todo el tiempo. Cambia con la hora, el viento y el ángulo del sol. Cuando el agua está calma, el color se siente más “profundo” y espejo. Si hay viento y la superficie se rompe, aparecen variaciones, brillos y zonas más claras. Por eso, incluso si dos personas visitan Cejar en días distintos, pueden llevarse fotos con tonos diferentes.

En conjunto, ese color turquesa nace de la química del salar y de la luz del desierto en estado puro. No es solo bonito: es una de esas señales claras de que estás en un lugar extremo y único, donde hasta el color del agua te recuerda que este lugar juega con reglas propias.

¿Dónde está ubicada la Laguna Cejar?

La laguna, se encuentra dentro del Salar de Atacama, a unos 20 kilómetros al sur de San Pedro de Atacama, forma parte del sistema de lagunas hipersalinas del salar, conocidas por su alta concentración de sal. Esta característica influye directamente en el color del agua y en la sensación que se experimenta al ingresar, convirtiendo la visita en una de las más recordadas de San Pedro de Atacama.

Es una de las visitas más populares para quienes buscan una experiencia diferente durante su viaje. Llegar hasta aquí implica salir del pueblo y avanzar por caminos planos que atraviesan el salar, donde el paisaje se abre por completo y la sensación de espacio se vuelve protagonista. El entorno es amplio y silencioso, a medida que te acercas, el suelo cambia de color y textura, aparecen superficies blancas cubiertas de sal, sectores minerales y una laguna de aguas tranquilas que contrasta con el paisaje árido. Esta transición hace que el trayecto sea parte importante de la experiencia y ayuda a entender que el Salar es como una gran cuenca natural.

Desde la laguna se observan volcanes del altiplano como el Licancabur y el Láscar, que sirven de referencia natural y aportan contexto al paisaje. La combinación entre agua, sal, volcanes y cielo abierto crea un escenario muy particular, fácil de disfrutar incluso sin caminatas largas.

El acceso a Laguna Cejar está regulado por tratarse de un área protegida. El ingreso se organiza con horarios y cupos definidos, lo que permite recorrer el lugar con tranquilidad y respetar el entorno. Gracias a su cercanía con el pueblo, suele incluirse en salidas de medio día o combinarse con otras lagunas del salar, siendo una excelente opción para sumar una experiencia distinta sin exigir demasiado esfuerzo físico.

Flamencos y ecosistema del salar: qué puedes ver

Aunque Laguna no es un sitio de nidificación directa de flamencos, sí forma parte del ecosistema que sostiene a estas aves en el Salar. En este entorno habitan tres especies emblemáticas: el flamenco andino, el flamenco chileno y el flamenco james. Su presencia depende del nivel de agua, la salinidad y la disponibilidad de alimento, por lo que no siempre se ven en el mismo lugar ni en el mismo número.

En áreas cercanas a Cejar, especialmente en otras lagunas del salar, es posible observar flamencos alimentándose tranquilamente, filtrando microorganismos del agua con sus picos curvos. Cuando aparecen, el contraste es impactante: el rosado de las aves destaca sobre los blancos del salar y los tonos azules del agua, creando escenas que parecen irreales.

Pero el ecosistema del salar va mucho más allá de los flamencos. Bajo la superficie del agua viven microorganismos adaptados a altísimas concentraciones de sal, que son la base de toda la cadena alimenticia. Estos organismos, invisibles a simple vista, permiten la existencia de aves y otras formas de vida en un entorno que, a primera vista, parecería estéril.

También es común ver otras aves altoandinas, como gaviotas andinas o pequeñas aves migratorias, dependiendo de la época del año. Todo el ecosistema funciona de manera delicada y lenta, por eso las normas de visita son tan estrictas: cualquier alteración puede afectar un equilibrio que tarda años en recuperarse.

Visitar Laguna Cejar con esta perspectiva cambia la experiencia. Ya no es solo flotar en agua salada o sacar fotos bonitas, sino entender que estás dentro de uno de los sistemas naturales más frágiles y valiosos del desierto, donde incluso la vida más pequeña cumple un rol fundamental.

Cómo es la experiencia del baño paso a paso

Entrar a la Laguna Cejar no es como meterse a una piscina ni a una playa. Es una experiencia distinta desde el primer momento, marcada por la sal, el silencio del salar y esa mezcla de curiosidad y respeto que provoca un entorno tan extremo. Todo ocurre con calma, sin apuros, y siguiendo una secuencia muy clara que ayuda a disfrutar el baño sin errores ni sobresaltos.

Ingreso lento a la laguna

Cuando llega el momento de entrar, la recomendación más útil es avanzar muy despacio. El borde puede tener zonas con costra de sal, piedras o barro duro, y el pie puede resbalar si vas confiado. Además, el cuerpo todavía no se acostumbra a la sensación del agua, que suele sentirse más “pesada” que una laguna normal.

Entra caminando con pasos cortos, mirando dónde apoyas el pie y evitando salpicar. Muchos se emocionan y quieren entrar rápido, pero en Cejar eso casi siempre termina con un chorro de agua salada en la cara. La gracia es lo contrario: entrar suave, sin chapotear, sintiendo cómo cambia el equilibrio a medida que el cuerpo pierde peso dentro del agua.

Primer contacto con la flotación

Este es el momento más divertido y más raro a la vez. Cuando el agua ya te cubre parte del cuerpo, puedes intentar recostarte lentamente hacia atrás. Y ahí pasa lo “imposible”: el cuerpo sube solo. No necesitas patalear ni hacer fuerza, la laguna literalmente te empuja hacia la superficie.

Lo mejor es dejarse llevar: espalda hacia atrás, brazos un poco abiertos, respiración tranquila. Es normal reírse porque el cuerpo se siente diferente, como si el agua te sostuviera demasiado. También es normal que al principio te desestabilices un poco: al flotar tanto, el centro de gravedad cambia y uno no sabe bien cómo acomodarse. La clave es no luchar contra la laguna, sino encontrar la postura donde te sientas estable.

Adaptación del cuerpo al agua salina

Después del primer impacto, llega la parte importante: adaptarte al agua sin cometer los errores típicos. El principal es tocarte la cara con las manos mojadas o intentar “secártelas” con sal pegada. La sal puede irritar, especialmente en ojos, labios o cualquier pequeña herida.

Aquí conviene tener un par de reglas mentales claras: no frotarse, no zambullirse, no salpicar. Si te entra agua en los ojos, arde. Si tienes un raspón mínimo, la sal lo hace notar. Por eso el baño suele ser más tranquilo que en otros lugares: es una experiencia más de flotar y relajarse que de nadar o jugar.

También notarás que el agua puede dejar una sensación de “capa” en la piel. Es normal. A algunas personas les seca bastante, a otras les queda una sensación resbaladiza por los minerales. Sea como sea, por eso la salida y el enjuague posterior importan tanto.

Permanencia y disfrute del baño

Una vez que te acostumbraste, el baño se disfruta mejor sin prisa. Lo típico es quedarse flotando, mirar el paisaje y sentir ese silencio que tiene el salar. Es un momento muy visual, pero también muy corporal: el cuerpo se relaja de una forma particular porque no estás haciendo esfuerzo para flotar.

Aquí un consejo que funciona: si quieres fotos, hazlas rápido al inicio y luego guarda el teléfono. Con las manos saladas es fácil resbalar, y además se disfruta más cuando no estás pendiente de la cámara. Si hay viento, puede hacer frío al estar mojado fuera del agua, así que muchas personas prefieren alternar: un rato flotando, luego salir un momento, volver a entrar.

No hay una “duración perfecta”, pero en general es mejor quedarse un tiempo razonable y salir antes de que el cuerpo empiece a enfriarse demasiado o la piel se sienta excesivamente seca. Recuerda que estás en el desierto, con aire seco y sol fuerte: el cuerpo pierde agua más rápido de lo que parece.

Salida con cuidado del agua

Salir de Cejar suele ser más delicado que entrar. Por dos motivos: primero, porque el cuerpo se acostumbra a flotar y al recuperar peso en tierra firme te sientes un poco torpe; segundo, porque el borde puede estar resbaladizo.

Hazlo igual que la entrada: lento, con pasos cortos y mirando el suelo. Evita apoyar de golpe, y si puedes, usa las manos solo para equilibrarte, no para empujarte desde el borde con agua salada. Al salir, el aire frío o el viento pueden pegar fuerte, así que tener la toalla lista ayuda mucho. Y algo importante: cuando sales, no te frotes la piel con fuerza. La sal queda sobre el cuerpo como una película y, si frotas, puedes irritarte.

Limpieza y secado posterior

Esta etapa es la que más se agradece. El objetivo es quitar la sal del cuerpo, sobre todo de manos, cuello y cara, porque si la sal se queda mucho rato, reseca y puede incomodar bastante. Si en el lugar hay zonas habilitadas para enjuagarse, úsalo con calma. Si no, al menos enjuaga manos y cara con tu propia agua y evita tocarte los ojos.

Sécate con toques, no restregando. Luego, ponte ropa cómoda y abrígate si hay viento. Aquí también es buen momento para aplicar bálsamo labial o crema hidratante si sueles resecarte, porque el combo del desierto (aire seco + sal + sol) se nota.

Cuando haces este cierre bien, el baño termina con una sensación genial: piel “limpia”, cuerpo relajado y esa idea de “acabo de flotar en medio del desierto”. Si lo haces mal, te queda picor, resequedad o molestia. Por eso, en Cejar, el después importa casi tanto como el baño.

Temperatura del agua y clima en Laguna Cejar

La Laguna Cejar puede engañar a primera vista: el color turquesa y el sol del desierto hacen pensar en un baño templado, pero la experiencia es un poco distinta. El agua no es helada, pero tampoco cálida. Su temperatura suele ser fría a fresca, y se siente especialmente al entrar, sobre todo si hay viento. Al flotar, el cuerpo se acostumbra rápido, pero al salir el contraste con el aire seco del salar se nota de inmediato.

El clima alrededor de Cejar es  seco, con cielos despejados la mayor parte del año y una radiación solar muy intensa. Durante el día, las temperaturas suelen ser agradables, especialmente en horario de tarde, que es cuando muchos tours visitan la laguna. Sin embargo, el viento puede aparecer de repente y bajar la sensación térmica, sobre todo cuando estás mojado.

Otro factor importante es la amplitud térmica. Aunque no se alcanzan los fríos extremos del altiplano como en El Tatio, sí hay diferencias claras entre estar al sol y a la sombra, o entre antes y después del baño. Por eso, incluso en días calurosos, salir del agua puede dar frío. Entender este contraste ayuda a prepararse mejor y a no confiarse sólo porque el día esté despejado.

Qué ropa llevar y qué no llevar al tour

Para el tour a Laguna Cejar, la ropa correcta hace que la experiencia sea cómoda y sin molestias. Lo esencial es llevar traje de baño, pero no cualquiera: lo ideal es uno cómodo, que no apriete y que no te importe que quede con restos de sal. La sal es intensa y puede dañar telas delicadas con el tiempo.

Lleva una toalla grande, mejor si es de secado rápido, y sandalias o calzado que puedas mojar y que no resbale. El borde de la laguna puede tener sal dura o barro seco, y caminar descalzo no siempre es buena idea. También es muy recomendable llevar ropa de recambio, porque aunque te seques, la sal puede quedar en la piel y en la ropa.

En cuanto a abrigo, una chaqueta ligera o cortaviento es clave, sobre todo para el momento de salir del agua. Aunque haga sol, el viento del salar puede ser frío y el cuerpo pierde calor rápido cuando está mojado. No olvides gorro, lentes de sol y protector solar: el sol pega fuerte y se siente más por la reflexión en la sal.

¿Y qué no llevar? Evita joyas, relojes y accesorios metálicos: la sal los estropea rápido. Tampoco es buena idea llevar ropa oscura o muy delicada si luego no puedes cambiarte, porque la sal deja marcas. Y un consejo importante: no lleves cremas ni aceites en la piel antes de entrar al agua. Se mezclan con la sal, incomodan y contaminan la laguna.

Con lo justo, bien pensado y sin excesos, el tour a Laguna Cejar se disfruta mucho más y sin sorpresas desagradables.

Normas y cuidados dentro de la laguna

Laguna Cejar no es solo un lugar bonito para bañarse, es un entorno natural frágil, y por eso existen normas claras que no están pensadas para molestar al visitante, sino para proteger el ecosistema y evitar problemas. Respetarlas es parte fundamental de la experiencia.

La primera regla es entrar solo en las zonas habilitadas. Aunque la laguna parezca tranquila, el fondo no es uniforme y hay sectores con barro blando o acumulaciones de sal donde se puede resbalar o hundir el pie de forma incómoda. Seguir los accesos marcados evita accidentes y reduce el impacto sobre el entorno.

Dentro del agua, el comportamiento debe ser calmado. No se permite zambullirse, nadar de forma brusca ni salpicar. El agua es extremadamente salina y cualquier movimiento fuerte puede provocar que te caiga en los ojos o en la boca, lo que resulta muy molesto. Además, el oleaje artificial afecta las orillas y acelera su deterioro.

Otro cuidado importante es no usar bloqueador, cremas ni aceites antes del baño. Estos productos contaminan el agua y dañan el equilibrio del ecosistema del salar. Si necesitas protección solar, aplícala después del baño, no antes. Tampoco está permitido llevar comida, bebidas ni objetos que puedan caer al agua.

Imprescindible: El respeto por el lugar. No se debe extraer sal, piedras ni agua, ni dejar basura de ningún tipo. Todo lo que entra contigo, sale contigo. Cejar se mantiene hermosa precisamente porque el acceso es controlado y las normas se respetan. Como visitante, tu rol es simple: disfrutar sin dejar huella.

¿Vale la pena hacer el tour Laguna Cejar?

Para muchos viajeros, el tour a Laguna Cejar es uno de los momentos más memorables de su paso por San Pedro de Atacama. No es un tour largo ni agotador, pero ofrece algo muy difícil de encontrar en otro lugar: flotar sin esfuerzo en medio del desierto, rodeado de silencio, sal y volcanes. Vale especialmente la pena si buscas una experiencia distinta, más sensorial que aventurera. No se trata de caminar mucho ni de aprender datos técnicos, sino de vivir una sensación física única y contemplar un paisaje que parece irreal. Para fotógrafos, amantes de los contrastes y personas que disfrutan de lugares poco comunes, Cejar suele ser un acierto total.

Es un tout totalmente recomendado si entiendes qué ofrece y vas con expectativas realistas, la Laguna Cejar impresiona por lo extraño y lo puro. Flotar en silencio, con el salar extendiéndose alrededor, es una de esas experiencias que solo aquí se puede ofrecer.